Transavía, la compañía aérea holandesa de vuelos de bajos costes, admitió que habría estado enterada del pasado de su “aviador de la muerte”, en 2006.
Indicó, hace unos días que sí conocía la confesión en la que su comandante Julio Alberto Poch, refería a otros tripulantes acerca de su presunta implicación en los “vuelos de la muerte” de la dictadura argentina (1976-1983).

De: Google image
La línea holandesa de vuelos baratos Transavía admitió mediante un comunicado a todos sus empleados en el cual reconocía que tuvo conocimiento de la confesión, pero que para ellos sólo eran habladurías de aquella trágica historia.
La directiva de la aerolínea “low cost” afirma haber llamado al piloto a una reunión privada con motivo de que explique dichos rumores, en la cual este negó rotundamente vinculación alguna con esa “guerra sucia”.
Así mismo, manifestaron que sintieron un respaldo en la aprobación que tuviera Poch en una investigación protocolar realizada por el servicio de inteligencia holandés AIVD, en 2004, en donde sale bien librado. Es este un examen de seguridad que se hace cada cinco años a todos los pilotos civiles.
Aducen que por todo ello no lo sancionaron, caso contrario le permitieron seguir trabajando como piloto ‘”senior” de la aerolínea de vuelos baratos, desconociendo las acusaciones de sus compañeros y las investigaciones de la policía y justicia holandesa.
El “piloto de la muerte” se conducía como un destacado y privilegiado puesto entre sus colegas; pero le toco jubilarse y la compañía, le brindo elegir su destino para un último vuelo, el sujeto prefirió Valencia para quedarse a vivir ahí, siendo detenido justo frente a las costas del mediterráneo.
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